Proceso

Día 6: viva el destino

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Resulta que yo tenía preparadas entradas suficientes para llegar hasta finales de septiembre, publicando un post por semana. A principios me vendría el periodo, empezaría con el tratamiento para que pudieran transferirme de una vez mis ansiados embriocitos (en agosto no podían hacérmelo por que cerraban reproducción hasta mediados y no me daba tiempo) y calculando llegaba por esas fechas. Peeeero el destino quiso que el periodo de agosto se me retrasara, que a los 12 días de retraso me hiciera un test de embarazo (por si las moscas, aunque sabía muy bien el resultado), me tirara días con dolor de ovarios y sin que manchara nada de nada y me viniera para finales, exactamente el día 21 de agosto, que ya habían abierto. Los post han tenido que adelantarse a dos por semana y yo estaba dando saltos de alegría por ello.

El primer problema que tuve fue cuando el 7 de septiembre a las 5 de la mañana me desperté y me acorde, de repente, que no había recogido una receta que tenía que sellarme el inspector de mi centro de salud (ya sé, yo tampoco entiendo cómo se me pudo olvidar esto tan importante cuando además he tenido presente todo el proceso escribiendo el blog… No sé, ni yo misma me lo creo). Me dio un vuelco al corazón y casi entro en parada cardiaca por que las recetas caducan a los 10 días y habían pasado más. Mi esperanza era que el inspector la hubiera sellado más tarde y todavía estuviera a tiempo. Ese mismo día fui a buscar mi receta y al ver la fecha sabía que estaba caducada pero no podía tirar la toalla y tenía que ir a una farmacia. La farmacéutica llegó a la misma conclusión que yo y me llevé mi receta desolada, pensando que tendría que haber una solución. A la semana siguiente llamé al hospital por si hubiera alguien que pudiera hacerme una receta nueva para tenerlo todo antes de empezar pero nadie me lo cogió (no me pilló de sorpresa ya que no era la primera vez). Así que decidí esperar a que tuviera que ir a pedir cita y la pediría el mismo día.

Me acerque el lunes siguiente a primerísima hora, ya que sabía que llamar era imposible. He de decir que me tuvo que acompañar mi súper churri porque yo andaba con 38,5º de temperatura y con mareos. Menos mal que insistió en venir por que estaba para el arrastre.

Llegamos sobre las 8.30h y tuvimos que esperar un poco por que había otra pareja dentro. Cuando nos toca, entro, le explico a la enfermera a que vengo y me dice ‘uy, para embriones congelados no puedo darte, estamos dando cita para gente que empieza con la regla el 27 de agosto (día que todavía no había llegado).  Ahora solo están los becarios (supongo que se referiría a los residentes)’. Le respondo ‘pero si fuisteis vosotras mismas las que me dijisteis que tenía que coger cita a partir del 15 de agosto (exactamente fue ella)’. ‘Para mí sería más fácil dártela’, me contesta,’ pero vas a tardar mucho y te da igual esperar un mes más ¿no?’. ‘Pues no, estoy harta de alargarlo tanto y un mes más me supone mucho’. Eso es lo que quería responderla pero en realidad sonreí y le dije ‘no, claro, un mes más qué más da’.

Después del jarrón de agua fría que suponía esperar otro mes, le pregunté sobre la receta que se me había caducado. Me contestó que o esperaba a que viniera hoy el doctor, la pedía mañana o que viniera alguien a buscarla (claro, 45 min en coche no es nada, cualquiera me haría ese favor). El doctor llegaba a las 10 de la mañana y eran las 9….. Salí a contarle la historia a mi chico y me dijo que mejor esperábamos ya que estábamos allí.

Llegaron las 10, fuimos al sitio de las citas y después de un rato de escucharlas hablar pregunta mi chico. Resulta que no era allí, si no en la zona de consultas, había que esperar a que saliera la enfermera y decírselo. Un rato después sale, se lo decimos y se lleva mi receta para hacerme una nueva y que lo firme el doctor.

Tardan un rato y al salir me dice la mujer ‘pedias cita para embriones congelados ¿no?’, le dije que sí y se mete en la consulta diciéndome que me espere un momento. En ese momento casi lloro de emoción, en serio… Después de unas cuantas idas y venidas y de pedirme mi carpeta con el historial, sale con dos citas y una pauta. Tenía que pincharme el decapeptyl ese día y el 11 de septiembre volvía para ver cuando empezábamos. ¡¡¡¡¡Chupiiiii!!!!! No sé cuántas veces la di las gracias a la enfermera. Menos mal que esperamos y que estaba ella (que no era la misma que me había dicho que hasta septiembre nada), así todo se pudo adelantar. ¡Ya no queda nada!