Proceso

Día 4: llegó la hora

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La semana paso y llego el viernes 15 de mayo. Llegamos como a las 8.50h a la zona de las analíticas y, como era preferente, en menos de 10 minutos me estaban sacando sangre. ¡Chupiii! ¡No tenía que estar toda la mañana! Nos fuimos a hacerme la ecografía y a las 9.30 me llamaron. Entro en la consulta, me dice la enfermera que me quite la ropa y pase a la siguiente sala. Me despeloto de la parte de abajo y me quedo de pie un rato hasta que creo entender que el medico me dice que me ponga en la silla con los pies en alto. Lo hago y me suelta, póngase esta sabana por encima por el que dirán. ¡Ole con el cachondo del medico!, no me dirige la palabra ni casi me mira pero me suelta un chistecillo. Empieza a decir lo que supongo que son medidas (más que nada por que decía 10×12, 19×20… Y así sucesivamente). Me visto y me dice que ya me llamaran con el mismo numero para consulta y que como la cita es a las 12.30 que me vaya a dar una vuelta. Y eran las 9.30…. ¡¡Tanta prisa para tener que esperar toda la mañana!! Nos fuimos a desayunar y volvimos sobre las 12, pues no entramos a consulta hasta las 14h. Le digo a mi chico que pase conmigo por que solo era consulta y ya nos íbamos. Pues según entro a la sala le digo a la doctora de la puerta que viene mi marido y ella dice: ‘no, no, el no puede entrar’, y casi le da con la puerta en las narices. El doctor me dice a toda prisa que me tengo que pinchar esa noche y el sábado también pero una cosa distinta. Le comento que yo lo que tengo es la otra medicación y me da una receta. Al verla pone que tiene que firmarla un inspector y le digo al doctor: ‘Es viernes y tardan unos días en dármela, no me da tiempo para mañana’. – no te preocupes – me dice el – La pides en la farmacia, que te la cobren al precio normal y cuando tengas la receta se la das y que te quiten lo que sea. No, si ahora la farmacia va a darme un medicamento de estas caracteristicas sin receta y sin conocerme de nada. lo que os digo, un cachondo el médico.

Menos mal que al lado de mi trabajo hay una farmacia y tengo confianza con la farmacéutica, sino yo no se que habría sido de mi….
Llegó el sábado por la noche. Resulta que teníamos que estar en Zaragoza el domingo y salimos esa misma noche de viaje hacia allí y tengo que pincharme a las 22h. Tardamos un buen rato en encontrar una gasolinera donde parar y casi me da un ataque de nervios. Sin salir del coche me pincho (mejor dicho, me pincha mi enfermero), cenamos y continuamos la marcha. A mi creía que me daba algo, me encontraba súper cansada por el tratamiento y encima nos pegábamos estas palizas.

Y llego el ansiado día en el que me sacaban los ovulillos para fecundarlos. Había oído que me tendrían que dormir. Nos metieron en una sala con 7 parejas mas y con sillas con respaldo abatible para nosotras y normales para los chicos. Yo iba con dolor de lumbares y de ovario derecho pero ya era algo normal desde que empecé con esto. Eso si, cuando nos dieron a beber un nolotil (malísimo, por cierto, ni el zumo enmascara ese terrible sabor) se me pasó un poco.

Fuimos pasando una detrás de otra y a mi me toco la cuarta. Antes de entrar vimos que no nos dormían por que todas salían tan pichis y despiertas. Entro en la consulta, me pongo en la silla horrible y empieza la función:
Primero me coloca el especulo (las mujeres sabéis lo incomodo que es), y después empieza a urgar (si,urgar, yo notaba como que buscaba algo). Termina, quita el especulo y le dice a la enfermera ‘lava’, y esta,ni corta ni perezosa y sin avisar me enchufa en mis partes un chorro de agua bien fresquita. Ahí yo pensé, que rápido a sido…. (Ay, ¡que ingenua!). Vuelve la doctora, comienza a subir la silla quedando casi haciendo el pino (bueno, no era tanto pero la posición era un pelin incomoda), mete el ecógrafo y ahí creí morir. Comencé a tener un dolor impresionante, era dolor de ovarios incrementado por mil. La doctora dice: ‘tienes que relajarte o no podremos hacerlo’, y le respondo (con ganas de decirla que se metiera el aparatito por donde yo le iba a decir) ‘lo intento’, y la desgraciada me responde ‘no lo intentes, consíguelo’. Uuff,casi me levanto y le doy dos leches. Conseguí que el dolor remitiera (no me preguntéis cómo, creo que mi mente hizo yoga ella misma y lo logró) y comenzaron a sacar óvulos. En el rato que estuvimos, que fue largo, terminamos casi haciéndonos amigas, hablando de las alergias y demás. Después de no se cuantos botecitos y de la sorpresa de las que los recogían por que eran muchos, salí de la sala un poco mareada y con dolores. Aquí ya comenzaba a preguntarme porque todas salían sonriendo como si nada y yo tenía una cara de muerta que no podía con ella. Empezaba a pensar que, a pesar de lo que yo creía, era una floja.
Mi chico, que es un solete, fue a comprarme el desayuno, un chocolate con phoskitos y oreos. Terminé de comerme el phoskitos y mientras acababa el chocolate empece a sentirme fatal, como si me mareara. Me tumbe en la silla y observaba como todas mis compañeras de faena se terminaban sus desayunos y charlaban con sus parejas, la única mala, yo…. Conclusión, ¡era una floja! No me lo podía creer, yo que me jactaba de ser fuerte y aguantar lo que me echaran y ahí estaba, de ocho chicas, la que menos aguantaba.
Al cabo del rato y de unas cuantas preguntas de mi chico de si llamaba a la enferma, a lo que le respondía que no, se pasó y solo tenía ese dolor molesto en el ovario derecho que me había acompañado desde que comencé a pincharme.
Cuando acaba con todas las que estábamos, entra una enfermera y nos dice que nos harán una eco de control y nos explicaran a cada una pero que tendríamos que volver el miércoles 20 a la transferencia y tomarnos la progesterona hasta entonces.

Me toca entrar a mi y según cierro la puerta la doctora me dice: ‘no vamos a hacerte la transferencia‘. Un segundo, dos segundos, tres segundos…¡Dios mio! ¡Que largo se me estaba haciendo! Por mi mente pasaban miles de explicaciones posibles, desde que no habían podido salvar ningún ovulo hasta que habían encontrado algún problema con la eco. Creedme que tres segundos dan para pensar mucho…. Y por fin la doctora dijo: ‘has tenido hiperestimulación ovarica y te hemos sacado 24 ovulos’. Toma ya, ¡yo casi me pongo a llorar y resulta que tenia los ovarios a reventar!. Entonces me di cuenta de que no era una floja, ¡mis dolores tenían fundamento! De hecho, hice mas de lo que debería haber echo según como me encontraba. ¡Siiii, seguía siendo súper woman!

Me dio cita para el 25 de Mayo. Hasta entonces tenía que comer sólo proteína y bebe sólo bebidas isotónicas. Pues a raja tabla que lo lleve, incluso el jueves que fui a comer con mi madre y mi hermano, y mi madre nos tenía arroz con pollo. Me comí el pollo que había yo solita y sin decir ni mu.

No pasé una buena semana, me preocupaba hacer cualquier cosa que pudiera hacer que empeorara. Además estuve un par de días con unos pinchazos en la tripa que hacían que no pudiera estar casi de pie…

Volví el lunes siguiente y se había normalizado un poco, el ovario derecho estaba como una pasita pero me dijo que con el siguiente periodo se quedaría bien. También me comentó que tenía 4 embriones congelados. Y la siguiente cita para Julio.

Fue un golpe duro. Es cierto que no nos cerraban puertas pero había que esperar dos meses más. Por el optimismo que me caracteriza y también por no tomarme aquello de mala manera y entristecerme, me dije a mi misma y a mi chico que esto era el universo. Yo no soy de creer en dios ni en fuerzas ocultas, pero si creo que si deseas mucho algo en algún momento te llega. Y eso fue lo que pensé, que para que pudieran crecer los dos embriones que me introdujeran, tendría que estar bien preparada y no hacerlo con prisas.