Proceso

Día 3: comenzamos el tratamiento

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Y por fin llego la esperada cita. Me dijeron que comenzara a tomar un anticonceptivo con mi periodo de abril, me dieron unas cuantas recetas para que fuera comprando y que volviera el 16 de ese mes.

Compre lo que me dijeron (que cuesta una pasta) y resulto que todos eran inyectables. Ya me comenzó a dar un miedito terrible el tenerme que pinchar pero me dije a mi misma que podría (¡que ilusa!).

Llego el día 16 y me explicaron cuando tenía que pincharme y la siguiente cita, el 15 de Mayo. Yo seguía haciéndome la valiente diciendo que si que seria capaz de pincharme yo sola…

6 de Mayo, 21h: cargo la pluma con el vial del medicamento, pongo la aguja, cojo pellizco de tripa, desinfecto… Pasan unos segundos y me lo pienso… Vuelvo a desinfectar la zona con alcohol… El pellizco de la tripa ya duele del rato que llevo con él entre los dedos…. Pongo la aguja cerca de mi piel, mis nervios me hacen sudar y empiezo a decir: ¡no puedo hacerlo, no puedo hacerlo! Y con lagrimillas en los ojos (si, soy de lágrima fácil) le digo a mi chico: ¡Por favor, hazlo tu! El pobre, que le da una cosa terrible pinchar a nuestra gata Ayla, se ve en la tesitura de tenerlo que hacerlo si o si o yo entraba en pánico a la de ya. Coge la aguja, yo todavía sujeto la pluma y le digo: tu clava la aguja y yo aprieto. La escena aquí es bastante rara, yo sentada, con el pellizco de la tripa en la mano izquierda y con la mano derecha sujetando el final de la pluma. Él, de pie, de espaldas a mi y sujetando la parte de la aguja. No se si os lo podéis imaginar…. Clava la aguja, inyecto, cuento 1,2,3,4 y 5 segundos y saca la aguja.
Resultado, la tripa roja de lo que me apretaba, con unos nervios tremendos y con una gata mirándonos con cara rara preguntándose que qué clase de tontería hacíamos ahora. Y cuando acabamos, mi chico, que es un cielo, me dice: ¡esto es como mantequilla! Nada que ver con la piel de Ayla, te pincho yo todos los días. ¡Puuff! Menos mal que dijo eso, si no, ¡ya me veía en urgencias todos los días pidiendo a la enfermera que me pinchase!

Al día siguiente me dolía la tripa pero creo que la causa no fue el pinchazo (las zonas del pinchazo y del dolor no coincidían), sino el pellizco que cogí durante un buen rato y bien apretadito para que no se me fuera.
Los siguientes días fueron algo mas normales, aunque me seguía dando miedo que me pinchara (y eso que ni lo notaba pero odio las agujas dentro de mi piel…) y encima me entraba la risa. Imaginaros intentar pinchar en la tripa mientras la persona se ríe, un show, ¡vamos!.

Con el primer pinchazo no note nada, si es cierto que al día siguiente me dolían las lumbares al agacharme. Lo achaque a que el día anterior en clase de baile había hecho más esfuerzo, pero la verdad es que no se me quitaba así que pensé que podía ser a causa de los pinchazos. A partir del sábado ( llevaba cuatro días con el tratamiento) empezó a dolerme el ovario derecho y estaba mas cansada, cosa que no me preocupaba por que siempre que ovulo me pasa, ¡pues imaginaos si ovulo el triple!. Y me dolían un poquito los pinchazos pero nada más. Lo peor del fin de semana es cuando quedamos con la familia. El viernes quedamos con mis padres y no paso nada, fuimos a casa me piché y llegamos como si hubiera salido tarde de trabajar. Lo mejor fue el domingo…. Quedamos a comer con mis suegros y mis cuñados en un restaurante. Le dije a mi chico que teníamos que estar a las 21 en casa y él me contestó que no me preocupara, que llegaríamos pronto. Si, si, pronto… Resulta que después de comer querían ir al Primark a comprar cositas para la casa de mis cuñados. Hasta aquí íbamos bien de hora, pero después quisieron ir al chino de al lado, ¡a ver que excusa nos inventábamos! Mi chico empezó a decir que nos íbamos, le preguntan que por que, que estábamos pasando un día en familia, responde que por que tiene que hacer cosas y mi cuñado se gira hacia mi y dice: y tú ¿no quieres venir? ¡¡Que yo no se mentir, no me preguntes!! Puse cara de pocker y no articule palabra… Si no me noto nada entonces fue porque mi chico le dijo que si no me iba a gastar más dinero, se rió y ahí quedo la cosa. ¡Puf! Menos mal que estuvo rápido y cambiamos de tema. El caso es que al final si que fuimos y cuando vamos a pagar dice mi suegra: ¡anda, si son ya las 21! Me pongo blanca, miro a mi chico, y empezamos a correr hacia la caja para pagar. Al final llegamos bien, pero a mi me suponía un poco de agobio ocultar a los demás lo que estábamos haciendo. ¡¡Que ganas de contarlo!!

El lunes me quería morir. Pase una noche horrible soñando con niños y pasando un calor terrible. Después, levántate para ir a trabajar…. ¡Puf! No podía ni con mi alma, estaba cansadisima y los dolores de ovario y lumbares no se iban, a mi me parecía que dolía más y me quedaban mínimo cuatro días antes de ir de nuevo al medico…. Y llegó la hora del pinchazo, esta vez eran dos. En el prospecto del nuevo ponía que mejor se pinchara en el muslo por lo que decidí hacerlo así. Mi enfermero favorito no estaba muy convencido pero es que mi tripa parecía ya un colador. Coge la jeringa, clava en el muslo, duele más que las otras e inyecta. Termina, me pongo alcohol y al rato me empieza a picar. Me levanto el pantalón y la zona esta roja y con tres avones. Sin perder lo nervios (aunque estaba histérica) cojo el prospecto y leo la parte de reacciones adversas. Para mi alivio el primer síntoma que le puede pasar a una entre diez mujeres era el mío y que se pasaba en máximo cuatro horas. ¡Ufff! Menos mal, ya pude cenar tranquila y a la media hora ya no había nada.
El martes fue peor. Tuve fiebre por la tarde (solo 37) y estaba que me caía, con unas ganas terribles de llorar. Los pinchazos dolieron más pero supongo que seria por la fiebre.

Y así pasé la semana hasta que fui a la siguiente cita…. Ya sabéis, positivismo al máximo siempre.